• Pensar que vives la vida que te tocó.
  • El sufrimiento cotidiano. Dejarás de quejarte y suponer que la vida es una desgracia.
  • Las quejas porque las cosas no resultan. Comprenderás que existen caminos múltiples para la solución de los problemas cotidianos y extraordinarios.
  • Los malos hábitos. Abandonarás el fumar (si así lo deseas), el consumo de drogas (requiere tratamiento integral), comer excesivo o insuficiente, problemas sexuales y otros hábitos perniciosos que actualmente no controlas.
  • El aburrimiento. Encontrarás el sabor especial de tu propia vida.
  • Dejarás de pelearte con las personas que amas.
  • Descartarás de tu vida la idea de que te tocó mala suerte en ella.
  • Abandonarás la costumbre de acusar a otros miembros del equipo de lo que no resulta.
  • Dejarás de quejarte de los líderes de los proyectos en que participas.
  • Dejarás de pensar que no puedes hacer nada personal sobre las enfermedades que padeces.
  • Renunciarás a la idea de estar amarrado a un trabajo que no te agrada o paga insuficiente.
  • El reforzamiento inconsciente de las enfermedades.